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sábado, 10 de septiembre de 2011

Hijos de la Tierra


La Madre Naturaleza es todopoderosa, pues es eterna. ¿Qué son los inventos de los hombres, las ciudades arrogantes que construyen en los confines del desierto, las armas terribles que emplean para asegurarse y defender sus conquistas?

Solo un poco de polvo depositado que las grandes fuerzas naturales tienden a restituir en su forma primitiva. Desertad durante unos años de la ciudadela, abandonad durante unos meses el cañón o la ametralladora en la Llanura, y en poco tiempo la hierba y la zarza habrán invadido la piedra, la herrumbre roído el duro acero.

En muchos casos, antaño, amplias soledades estuvieron pobladas por ciudades poderosas. Hoy no quedan de ellas más que las ruinas, y las ruinas a su vez acabarán por confundirse con la tierra eternamente virgen.
 
¿Qué son los hombres que van pasando? ¡Basta con que el Espíritu sople sobre ellos y dejarán de existir! Entonces los hijos de la Tierra de nuevo tomarán posesión de la Tierra. ¡Los tiempos pasados volverán a ser nuevos!.


Los inspirados de la religión Ghost Dance
Del libro: Palabras de los Indios Norteamericanos / selección Michel Piquemal.

martes, 30 de agosto de 2011

Palabras


Éramos un pueblo sin leyes, pero nos entendíamos muy bien con el Gran Espíritu, creador y amo de todas las cosas. Vosotros, los blancos, nos llamabais salvajes. No entendíais nuestras plegarias. No habéis intentado comprenderlas. Cuando cantábamos nuestras alabanzas al sol, a la luna o al viento, decíais que adorábamos a ídolos. Nos habéis condenado como almas perdidas sin habernos comprendido, simplemente porque nuestro culto era distinto del vuestro.

Reconocíamos la mano del Gran Espíritu en casi todas las cosas: el sol, la luna, los arboles, el viento y las montañas. En ocasiones, nos acercábamos a él a través de todas las cosas. ¿Qué mal había en ello? Pienso que creíamos sinceramente en el Ser supremo; con una fe más fuerte que la de muchos de los blancos que nos han tratado de paganos… los indios que viven cerca de la naturaleza y del amo de la naturaleza no viven en la oscuridad.

¿Sabíais que los árboles hablan? Pues sí, hablan. Hablan entre ellos y si los escucháis también os hablarán. El problema es que los blancos no escuchan. No han aprendido nunca a escuchar a los indios, por lo que dudo que escuchen a las otras voces de la naturaleza. Y sin embargo, a mí los árboles me han enseñado mucho: ora sobre el tiempo, ora sobre los animales, ora sobre el Gran Espíritu.

Tatanga Mani indio Stoney (1871-1967)